Después de varios años de practicar una evaluación basada en el producto, me resulta sumamente interesante enfocarme en una evaluación centrada en el proceso, con la intención de introducir cambios notables que promuevan el aprendizaje acordes a las demandas educativas del momento.
Esto implica para mí romper con los paradigmas clásicos de evaluar para reportar una nota o saber si el estudiante aprueba o reprueba una asignatura. Más que eso sería sincronizar mi práctica para evaluar como un proceso que genere un cambio de actitud en mis estudiantes, cambio este que les lleve a tomar conciencia de tu su propio aprendizaje.
“La evaluación implica un cambio de actitud…” es lo que promueven las autoras Inmaculada Bordas y Flor Cabrera cuando dicen que “… las prácticas evaluativas han cambiado en un intento de adaptarse a las demandas educativas y sociales…” Esto ha provocado en mí una revisión de mi práctica evaluativa conductista e introducir mejoras que me aproximen a la evaluación constructivista, basada en el seguimiento al estudiante.
Actualmente lo que representa un obstáculo en mi manera de evaluar es romper con lo tradicional: evaluar para medir, que es lo que hago en la asignatura que imparto.
“La evaluación es un proceso en el que debe consensuarse diferentes intereses, valores y puntos de vista…” dicen las autoras. En ese sentido, sigue siendo una problemática el tener que desarrollar un programa el cual no he elaborado, mucho menos consensuado con mis estudiantes, excepto en las actividades que implemento. El tiempo departamental establecido para desarrollar dicho programa no es suficiente ni congruente, en relación al contenido, lo que, junto a la cantidad de estudiantes en el aula, dificulta el seguimiento a cada uno en particular.
Por eso, pienso mucho en lo que voy a enseñar y, desde el punto de vista constructivista, me aparto de lo que mis estudiantes deben aprender como parte de su crecimiento formativo.
Me propongo seguir evaluando los procesos, las actividades, mis contenidos siempre y en todo momento, no al finalizar la sesión o tema ni en una fecha determinada.
Para ello, además de mis actividades comunes (análisis y creación de textos, argumentaciones, reportes de lectura y asignaciones grupales) implementaré conjuntamente con los estudiantes el uso del portafolio, el diario reflexivo y el mapa conceptual, así como un mayor seguimiento a la auto y coevaluación realizadas por los propios estudiantes, de tal manera que ellos mismos puedan profundizar, tomar acción y construir en base a su propio aprendizaje y su “aplicación para su desarrollo.”
( Publicado en mapaomar blogspot.com el 20 de febrero del 2011)
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